sábado, 3 de diciembre de 2011

Eterna como el calor del veneno.

Nunca te busqué, aunque siempre deseé que alguien como tú formara parte de mi vida.

El frío nos calaba los huesos, poco a poco.
Mis pequeños pies cargaban con aquellos zapatos del diablo,
que no se hincaban tanto en el suelo como en mis tobillos.
Los taconazos retumbaban por las calles de Mérida,
y nuestros susurros volaban y surcaban el cielo.
Teresa y yo, quejándonos del frío y el espesor de la niebla
ignorantes,pues no sabemos lo que es pasar frío de verdad.
No conocemos el frío que sufrió el ejército napoleónico 
cuando intentó conquistar Rusia. Ni lo conoceremos.
Y a pesar del frío,¡nos sentamos a hablar!
Hablamos,sí, hablamos de mi amor por lo imposible,
de los jóvenes con los que disfrutamos esa noche,
-noche embriagada por aquellos besos borrachos de amor
y las carcajadas que producían el alcohol y otras drogas-,
de cómo sería nuestras vidas después de aquella noche,
de las injusticias del mundo y con orgullo, hablamos de nosotras.
¡Ay¡ Aquellas tardes y aquellas noches se tornan en mariposas
que vuelan lejanas, aquellas que pasé contigo,mi amor imposible.
Hoy disfruto de la compañía de féminas, tan necesarias ahora en mi vida
ya que con su compañía llego a la mujer que hay dentro de mi.
Gracias entonces, a ti, amiga.
Teresa, tan bella por dentro como por fuera, compone con dedos ágiles
la banda sonora que me acompaña desde Septiembre.





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