A aquella mujer.
A aquella mujer de estrabagantes manías.
A ti, mujer, te digo:
Come, porque el comer es un placer
y el no comer es una droga.
A ti, mujer, te digo:
Sal y respira profundamente, porque hacerlo es un placer
y el no respirar es una droga.
A ti, mujer, te digo:
Bebe, porque el beber es un placer
y el no beber es una droga.
A ti, mujer, te digo: Escúchame.
Porque al igual que comer, respirar y beber
es necesario...
escucharme, a mi, predicando mis ideas, también lo es.
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