domingo, 3 de marzo de 2013

Puro vicio

Era una tarde fría de Diciembre. Entré por la puerta y encendí la luz. Mientras, iba desprendiéndome poco a poco de mi ropa de abrigo. La colgué en el perchero, me miré en el espejo de la entradita e hice un par de muecas y burlas frente a él, para recordarme... bueno, para hacer el bobalicón más que nada.

De repente mi jueguecito con el espejo acabó, advertí una melodía que provenía de alguna de las habitaciones del pasillo. 

Abrí la puerta que daba a éste y me encontré con un sendero de ropa que llegaba hacia el cuarto de baño.
Sería invierno pero el calor que sentía en mi cuerpo era de pleno agosto. Fui a mi cuarto rapidamente, sin hacer ningún ruido. Me desvestí y fui inmediatamente al baño. Eras tú.
Abrí la puerta del baño, con mucho disimulo. Tu silueta, borrosa tras la mampara, se aclaraba los restos de jabón, y la música de tu móvil bailaba con el vaho en los azulejos del baño.
Yo envidiosa de la música y el vaho, quería bailar contigo. 
Tu silueta se paralizó, y la música con ella. Tanta sincronización provocó mucha excitación en mi. Abrí sin miedo la mampara de la ducha y tú, al ver mi cuerpo desnudo, te excitaste también.
Ya solo se escuchaba el agua cayendo por nuestros cuerpos desnudos. Sin mediar palabra, comencé a besarte, a comerte. Mi mano intuía tu deseo, y bajó hacia tu entrepierna, para juguetear con tu pene , que se hinchaba por momentos. 
Me empotraste contra la pared, tus ojos irradiaban deseo, y los míos tambien. Tus ojos me pedían lo que tu boca callaba...y tan húmedos. Tan húmedos los dos. Mis pechos, excitados, subiendo y bajando por la respiración entrecortada mientras caía el agua y besabas mi cuello. Me encantaba sentir tu erección. 
Tus labios, antojándose con los míos. Los míos saciándose con los tuyos. 
Sin decir nada, te miré. Ahora quien tenía los pantalones era yo. Bajé hacia tu cintura suavemente, hasta que mis rodillas se posaron sobre el suelo de la ducha. Te besé, te sentía. Hasta tener tu sexo muy cerca mi cara. Te acaricié los genitales mientras con mi boca te comía suavemente...arriba y abajo, succionando, arriba...abajo...Noté como tu respiración y tu pulso comenzaban a alterarse.
Me pediste que parara, tu también querías jugar...
Cuando me levanté fuiste directo a mis pechos, los masajeabas y comías, los recorrías con toda tu boca. Querías robarme algún que otro suspiro. Adivinaste donde tenías que tocarme, mis jadeos te advertían ya de mi excitación incontrolada. 
Me miraste  e introduciste dos de tus dedos en mi boca, que yo chuperreteé sin disimulo alguno. Mis ojos te pedían acción y tú...me la diste.
Descendió tu mano hacía mi sexo y comenzaste a masajearme el clítoris sin miramientos, sabías lo que quería y me lo diste. Te dedicaste en cuerpo y alma a complacerme,descendiste y saboreaste todo lo que tenía para ti. 
Yo, que ya no me tenía en pie, las piernas me temblaban y tú con tanto amor que entregarme...Te levantaste, me diste la vuelta y mirando mi bonito culo me dijiste al oído: Ahora vas a gritar de verdad.

Noté como tu sexo se introducía sin problema en mi, colonizándome hasta el fondo. Con una mano, agarrabas mi cadera, con la otra sobabas fuertemente mi pecho. Mientras, nuestros cuerpos guerreando y luchando, chapoteando en cada embestida de tu cadera contra mi culo. Cada vez más rápido, más fuerte, más gemidos. Soltaste mi pecho y me agarraste del pelo con fuerza, pero sin hacerme ningún daño, y echaste mi cabeza hacía atrás para lamerme el cuello.

El fuerte sonido de tu cadera contra mi culo no cesaba y buscaste colonizarme desde otros ángulos y posturas, dejando que tu pene jugara dentro de mi. 
Quisiste cambiar de postura entonces y entre jadeos me diste la vuelta, me agarraste de los muslos y me empotraste contra la pared. Comenzó de nuevo el juego. Rápido y fuerte, nuestros corazones cantaban al unísono. El sexo contigo, siempre es salvaje. No paré de mover mi pelvis, de gritarte, de agarrarte el pelo, de rogarte: ¡más fuerte!. Yo botando continuamente, hasta que exploté. Exploté y me rendí a ti, todos mis músculos se contrajeron y se relajaron en cuestión de segundos. 
Me hiciste bajar, tú aún no habías acabado. Por lo que di todo de mi. Te succioné el sexo con pasión, te masturbé y tú delirabas. Tocabas el cielo. Me la metí entera y me advertiste de lo que se aproximaba, puse mis pechos cerca de tu pene sin dejar de masturbarte y allí estaba el confeti de semen que tenías reservado para mi, y sobre todo para mis pechos.
Terminaste y te derretiste en la bañera hasta acabar sentado. Te besé en la frente y al rato nos duchamos.

Si


Si no tuviera el pelo largo y enredado,
si mis labios no fueran carnosos,
si mi sonrisa estuviera rota y cansada,
si mi piel no fuera tan suave,
si mis senos silenciaran,
si mis piernas fueran sólo huesos, 
si mis dientes fueran negros y mi cara se agrietara,
si mis caderas no sonasen,
si mis brazos no fueran fuertes,
si se aclararan mis ojos,
si mis cejas se juntaran formando solo una, 
si mi nariz se achatara, 
si mi frente fuera estrecha
y mi espalda fuera demasiado recta,
¿te enamorarías de mi alma?