Seguro que te has despertado como siempre, de mal humor. Te habrás sentado en la cama
y reposado algunos minutos. Añoro el no haber compartido esos momentos contigo, el dormir pegados, salvo una o dos veces durante un par de horas. Yo me he despertado hace unas horas y al abrir los ojos, la luz de este bello otoño me ha desvelado un secreto: He aprendido a desconocerte, desdibujarte y olvidarte, como lección aprendida de memoria. He ido al baño e inmediatamente después a prepararme un café casero, caliente y amargo, suave y al darle sorbos vinieron a mi tantos recuerdos románticos...Aunque siempre supe que lo que se aproximaba era algo enorme, malo y real:
¿Dónde quedamos nuestro amor, Denis?¿Y la felicidad? Quizás nos la quedamos olvidada en alguna brizna de hierba, en el mantel del pic-nic improvisado, en los pelos de los árboles o en los besos pasionales del verano.En cualquier caso, todo aquello se fue, solo quedan retazos de lo imposible...Ahora el humo de aquellos cigarros se asemejan a ti, un humo que rompe la luz como me has roto a mí; que me retorcí en tus manos, me perdí entre tus dedos como estos humos que se desvanecen en el aire... y me perdí porque deseaba que aquello, es decir, lo nuestro; lo más bello y puro, durara al menos un ratito, un par de horas, unos días, unos meses, unos años más para poder recordarlo, para poder recordar el último instante en que tu cuerpo era la prolongación de mío, aquel último momento en el que era consciente de este final fatal, y al final no lo quise ver hasta que llegó, como el frío repentino de Enero, y fue entonces demasiado tarde para perder aquello que más me importaba: ese chico que lleva tu nombre y que se ha ido a un lugar del que no volverá y que por mucho que me duela ni me importa, ni me interesa lo más mínimo.No sé ni cual es ni cual será este lugar aunque me lo digan estos, aquellos y los de más allá porque por más que me lo digan lo he perdido para siempre, y lo perdí ayer, en el ayer lejano, el ayer del día que dejó de sobresaltarme tu tristeza.
Carta nunca enviada, ?-?
"Si tengo algo que hacer, alguien que me ama y a quien amar el resto de las cosas pueden esperar"
lunes, 23 de enero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
Junto a Alicia comí hongos que me hacían crecer.
Quizás me he perdido
entre hojas y plumas.
Quizás, amiga,
me separe de tu lado,
pero es cierto que...
...nunca dejará el tiempo de besarte
y abrazarte. Tampoco dejará de matarte.
Te regalará amor, días bulliciosos.
Hará que te encuentres con muchos paseantes,
aquellos que andarán a tu lado, poco o mucho;
que sufras, que llores, que desesperes,
que sonrías, que sueñes...También te escribirá
con las manos de otro
poemas, como este que te traigo
en volandas con las alas de un pájaro.
entre hojas y plumas.
Quizás, amiga,
me separe de tu lado,
pero es cierto que...
...nunca dejará el tiempo de besarte
y abrazarte. Tampoco dejará de matarte.
Te regalará amor, días bulliciosos.
Hará que te encuentres con muchos paseantes,
aquellos que andarán a tu lado, poco o mucho;
que sufras, que llores, que desesperes,
que sonrías, que sueñes...También te escribirá
con las manos de otro
poemas, como este que te traigo
en volandas con las alas de un pájaro.
domingo, 15 de enero de 2012
Allegro, ma non troppo
I yelled like a jackal who bites his feet,
now I acquire unreffled and confident air of a soldier in front of his captain.
I have bitten with incessant egoism the snail who covered me still I broke it.
I have been a hunter dog. I have sung with the laugh of little river, like a bird.
And I unfaitful myself because the people change but not my dreams.
And I don't know what time I am going out today and neither with who I will sit in the green grass.
I don't get blocked. I come up myself from the worst disastres. I come back and change.
The tiger jumps and hunt, from morning to evening.
now I acquire unreffled and confident air of a soldier in front of his captain.
I have bitten with incessant egoism the snail who covered me still I broke it.
I have been a hunter dog. I have sung with the laugh of little river, like a bird.
And I unfaitful myself because the people change but not my dreams.
And I don't know what time I am going out today and neither with who I will sit in the green grass.
I don't get blocked. I come up myself from the worst disastres. I come back and change.
The tiger jumps and hunt, from morning to evening.
domingo, 8 de enero de 2012
Surrealismo en las calles de ¡Oh!
Rose se terminó de maquillar. Ya estaba vestida. Había quedado con Eris aquella noche. Se observó frente al espejo del cuarto de baño una vez más, con prisas, ya llegaba tarde. Recogió la ropa como pudo, haciendo una pequeña montaña con ella y colocándola cuidadosamente en el bidé, para después recogerla. Corriendo fue a ponerse los zapatos,que estaban esperándola, impacientes, en la entradita. Se los puso, con brío, y se observó por última vez en el espejo que había en el mueble de la entradita. Se pintó los labios con carmín y al salir por la puerta vio una idea vestida de gala, muy guapa por cierto. Se acordó entonces al verla, de que llegaba al menos, menos veinte minutos tarde.
Bajó con rapidez las escaleras y cerró cuidadosamente de un portazo la puerta del portal. Miró el reloj que llevaba en el bolsillo, esta vez sería puntual, había salido tres minutos antes de casa. Pensó que Eris estaría esperándola donde habían quedado. Tenían una fiesta, Gin celebraba el cumpleaños de su tortuga, que cumplía ciento veinti-y-pico años. Llegó rápido y Eris la felicitó, le habían salido tres bultos, ¿por qué? Muy sencillo, hizo una apuesta con una anciana. La apuesta consistía en que si Rose llegaba puntual a la cita, la anciana le daría un mordisco a Eris…Y Eris hizo el trato, sabiendo que es alérgica al muerdo de las ancianas, en cambio, si llegaba tarde-como de costumbre- la anciana se convertiría en burbuja. Yo hubiera hecho también esa apuesta, el dinero hoy en día lo es todo… Total, que se fueron a la fiesta. Eris no sabía donde era, y Rose tampoco pero las habían advertido sobre la puerta, que por lo oído era muy diferente. Después de recorrerse todas las calles de “¡Oh!”, llegaron. La puerta…irreconociblemente redonda. Eris entró, en cambio Rose se quedo un momento fuera, quería abrocharse el abrigo antes de entrar. Fuera, las chinas que había en la acera saltaban rítmicamente por las ondas musicales que se escapaban de la casa. Cuando Rose se abrochó el abrigo decidió esperar a Eris, porque sabía a ciencia cierta que saldría a fumarse un pitillo tras ver el panorama. Pasaron dos chicos andando de espaldas. Rose solo podía verles el cogote, la espalda; envuelta con un abrigo hasta los pies, los tobillos y la parte trasera de los zapatos. Rose divagó unos instantes sobre el amor, el enamoramiento, la conciencia de muerte y la adolescencia, hasta que llegaron los misteriosos muchachos. Como andaban hacia atrás, Rose se adelantó a ellos y se puso a unos metros en frente de la puerta para verles las caras. Se echó a llorar desconsoladamente cuando logró verlos… ¡No tenían rostro!¡No tenían rostro! Limpió sus ojos con los puños de las manos. No daba crédito. Volvió a abrir sus ojos, y contempló como se alejaban los ‘’sin cara’’, adentrándose cada vez más en la casa. Poco después salió Eris, temblando, asustada. Lloraron juntas, sentadas en la acera. Las lágrimas de Rose se evaporaban al caer en su piel, ardía de dolor. Eris fumaba rápido, unos cinco cigarrillos a la vez. En la fiesta Nadie tenía rostro, solo Nadie. Los demás sin cara…como monos en la selva...¡bailando eróticamente unos con otros! Eris terminó sus cigarrillos, y Rose terminó de quemarse las manos con sus lágrimas cuando decidieron irse. Decepcionadas, pues no vieron a la tortuga de Gin.
Eris le contó a Rose de camino a casa que se tomó un par de copas dentro, y que enseguida fue al baño para expulsarlas. Le contó también que aunque la música retumbaba,las paredes eran tan finas y endebles que escuchó como los adentros del vecino se retorcían hasta poder echar las flatulencias por el ano, fascinante con duda. En fin, Rose lo único que quería era tumbarse de forma perpendicular al suelo sobre un cómodo césped seco, amarillento y pastoso, que se hincaran los rayos del sol en su piel, y que Denis la acompañara, siempre de él, pero en espíritu.
P.D: Algo huele a podrido en este relato.
viernes, 6 de enero de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






