sábado, 2 de octubre de 2010

Los dioses tienen los pies de lana.

Bajaron, los seis.
De las nubes
de la risa.
Fumando Nueve veces siete.
Los vi,
y mis pies me llevaron lejos.
Oh mi cuerpo,
Oh mi alma,
Oh amargo cansancio.
Mi boca -seca-,
apenas hablo,
ni como ni bebo,
mi espíritu a muerto.
Tomaré,
lo que me queda de vida,
en un suspiro.
Ten mi cuerpo,
ten mi ropa,
ten mi aliento,
tómame para siempre.
Pedí prestada
una vida,
y no la merezco,
ahora la devuelvo.
Y juro ante
este polvo
que siempre
es un segundo.

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