domingo, 3 de octubre de 2010

Ahórratelo si te sabes la respuesta.

No lloriqueo
como los que lloriquean
por ahí,
ni pido limosna
en una esquina
de Wall Street.
¿Por qué debemos
orar entonces?
¿Por qué acudir
a ceremonias?
¿Por qué respetar
y no ser respetado?
Entre tanto,
miro a los ilusos
que esperan algo,
sin saber que
deben creer más
en sus propios
huesos,
que en un Alguien.
Y seguiré
esperando con alegría
mi destino,
después de esta vida,
porque sé muy bien,
quien soy,
-ni más ni menos
que una mota
de polvo
en la* pared.-
¿Ellos saben quienes son?
Se preguntan cada día.
Sus heridas
incurables,
son de miel(?)

¡SEÑORES!¡DESPIERTEN!