No lloriqueo
como los que lloriquean
por ahí,
ni pido limosna
en una esquina
de Wall Street.
¿Por qué debemos
orar entonces?
¿Por qué acudir
a ceremonias?
¿Por qué respetar
y no ser respetado?
Entre tanto,
miro a los ilusos
que esperan algo,
sin saber que
deben creer más
en sus propios
huesos,
que en un Alguien.
Y seguiré
esperando con alegría
mi destino,
después de esta vida,
porque sé muy bien,
quien soy,
-ni más ni menos
que una mota
de polvo
en la* pared.-
¿Ellos saben quienes son?
Se preguntan cada día.
Sus heridas
incurables,
son de miel(?)
¡SEÑORES!¡DESPIERTEN!