LA SENSIBILIDAD DENTRO DE CASA
De vuelta a casa,
por la Calle Mayor,
después de algunas copas
de más
y después
de hablar
de vaginas y penes
con aquel tipo.
Con exactitud recuerdo
lo que él
me dijo:
-Los hombres tenemos sentimientos ¿sabes?,
sois vosotras las zorras,
si tu mente quiere a ese,
pero tu chocho
quiere a aquel.
¡TE QUEDAS CON AQUEL!
Nos queréis
sólo por
lo que nos recuelga..
y
para colmo decís
que pensamos
con
nuestro amigo.
Y
sois VOSOTRAS.
-CERDAS-.
De todas formas
me daba igual,
yo no pensaba
así de
TODOS
los hombres.
Y tampoco
me ofendí,
no me
di por aludida.
Con alucinaciones
de
por medio,
y tropezones
de
todo tipo,
con los tacones
medio roidos,
vi, escuché y olí
a la lujuria.
Me senté
en la acera
y pensé
en quienes
me esperarían
ahí fuera.
Con el pelo
sucio
con el vestido
(blanco y arrugado)
negro y liso.
Con las palabras
chamuscadas
y otras muchas
ahogadas.
vi, escuché y olí
a la lujuria.
Vi
a la puta.
y también
vi
al puteado.
La puta
le besó
en
la boca
como si bebiera
en él
y
le dejó
"marchar"-se o "machacar"-se
rozándole
el cuerpo
hasta
el último
momento.
Se encendió
un cigarro
le miró
y gritó:
-Te haré muy feliz.
Cariño,
me gustas.
¿Quieres
echar un
polvito?-
Inhaló
y
rió
sin parar.
Puta loca borracha,
pensé.
Y
volví
a pensar,
en las palabras
de aquel
tipo.
El cabrón
volvió,
y
le susurró
algo
en el
oído.
La puta tiró el cigarro.
De golpe
y
porrazo
le
hace una mamada
allí,
en medio
de
la calle.
Los putos mierdas..pensé.
¡Dios!
quería
que el alcohol
se disipara
poder levantarme
e irme
a casa.
Pero no.
El"corredor"
se fue.
Y
la puta no fue
con él.
Se sentó
a
mi lado.
Se encendió otro.
-¿Quieres?-Me dijo.
Asentí.
Me dio
siete.
-¿Por qué siete?-Le dije.
-Porque siete
son los
pecados
cometidos-respondió.
No respondí,
pensé
en aquel tipo,
otra vez.
Clic,fac
me lo encendí.
Seis.
Me miraba los tacones.
Y yo
miraba..
su aspecto.
Tenía la cara
demacrada,
los labios rojos,
y
corridas
por
toda la cara.
El rimel
y el lapiz
corridos,
sus
ojos desteñidos.
Muy blanca,
¿su ropa?
A penas llevaba..
Buenas tetas
-No me gusta
que
cacen
por
la calle.
No soy
de
esas.-Me dijo
Me reí, no sé
bien
por qué.
Miré la hora,
era
la hora
de irse.
Pero
mi alma
pedía
quedarse.
La llamaban
al
móvil.
Lo cogío.
-¿Si?
(Se escuchaban murmullos)
-Vale, vale.
-Si, muy bien,
más
adelante.-Dijo.
Miré
hacia la derecha
y vi
un hombre.
con
una botella
no se distinguia
de qué.
Se acercaba.
Ya
se distinguía
de
qué era.
Era de Ron.
Se bajó
la
bragueta.
Y
meó
dentro de ella.
Se acercó.
-Buenas noches señorita.-Dijo
-Buenas noches caballero.-Dije
Tenía
un buen
porte.
-Tú, puta.
Yo he sido
el que
te ha
llamado.-Dijo
-¿Y?-Dijo
Ni
y,
ni ostias,
el tío
le tiró
la botella
de meado
encima.
-Ve a la carretera-Le dijo el tío.
Sacó una pistola.
-Caga-Le dijo
Ella así lo hizo.
Debajo
de el
culo
de la
puta,
una bolsa.
(La puso el tío)
Cagó.Se levantó.
Se puso las "bragas".
No
me lo
podía
creer.
El tío
le tiró
la mierda
encima.
-Demasiadas putas como tú en mi vida ultimamente-dijo
Me
miró.
-Señorita-dijo.
-Dígame señor-dije
-¿Le apetece una copa?
Miré
el reloj
de
la plaza.
Le
miré
a él,
sacó algo.
Miré
el reloj
otra vez.
Le
miré
mientras se metía.
-No, gracias.Me voy a casa.-Dije
-Como guste señorita-Dijo.
Mientras me levantaba, pensé en algo.
-Ah! Límpiese la nariz-Le recordé
(Limpiandose y sonriendo)
-Gracias, señorita-Dijo con acento francés.
Cogió
a la puta
y
se la folló
en una esquina.
Pobre puta,
lloraba.
Me fuí
a
casa,
pensando
en
lo que me dijo
aquel tipo.
Y
en los
seis pitis
que
no me
fumé.
Aquel
tipo,
era
el que se follaba
a la puta
mientras lloraba.

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