domingo, 16 de octubre de 2011

Arte...belleza.

Lo recuerdo como si fuera ayer.Tonos anaranjados y ocres cubrían la habitación. Su cuerpo...desnudo, lo único que existía era su cuerpo. Postrado en la cama, inmaculado, una perfección de líneas y volumen. Tan griego. Y yo...yo contemplaba, en una silla, tal divinidad humana. Pintaba, y mis manos...De verdad, mis manos recreaban, jugaban,aquello era un torbellino de pigmentos y matices exquisitos. Rugosos y con relieves perfectos.
Me encantaba, dios. Y le deseaba. Y, cuando respiraba,le deseaba aún más.Él tranquilo, me observaba y su mirada...si, su mirada me desnudaba lentamente...Pero, de verdad. Mis manos...¡cómo pintaban!...¡cómo transmitían!

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