viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Una vida con leche, señor?

Sabemos
que en las tazas de
café,
quedan posos
-pocos-
en el fondo.
Siempre cojo
la cucharilla e
intento comerlos,
algunos
puedo tragarlos,
otros se quedan pegados
a mi paladar,
y por último
los que se quedan en el
velo,
molestos,
hacen que tosas,
parecen intragables
pero finalmente pasan.
Como esa taza
que es mi vida,
los posos son los
recuerdos. 
Los buenos
bajan fácilmente,
los malos sobreviven
como el sabor amargo de un buen
café,
y los malos tragos...

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