viernes, 10 de diciembre de 2010

Dame fuerte,dame fuerte.

Con el tiempo me he vuelto una observadora compulsiva,
y en cada persona busco la perfección visual de formas
y contornos con la intención de saciarme de belleza cual-qué se yo-
Por suerte hasta hace poco,
no advertí que tenía la perfección delante de mis ojos.
Un ser brillante, de curvas exactas color granero.
Recrearé sin más dilatación la imagen-día cualquiera-,
de sus rasgos:
Con su cabeza recostada sobre la hierba,
pude admirar el lóbulo desnudo de su oreja derecha-complejas arrugas acústicas-;
las cejas, perfectas líneas descendentes.. bien podrían acabar en puntos suspensivos…;
los ojos buscando la semejanza de un color verdeoscurocasinegros;
las pupilas borrachas de infinito mirando a la cúpula azul y nubes;
los labios hinchados-de tanto beso, perdidos o no- cuyas comisuras
parecían continuar siguiendo la línea marcada por los hierbajos que allí habitaban;
los pómulos suaves, intocables;
la barbilla al límite…
Y todo ello envuelto en una piel de color imposible,
doloroso para cualquier tacto...
Acariciar esa piel supondría...
Ese ser
es yo,
es decir,
él.

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