sábado, 14 de abril de 2012

Días de insomnia

Llevaba días durmiendo una o dos horas.
Caminaba desquiciada rodeando la mesa del salón,
presa del nerviosismo acumulado.
No sé si fue el café o todas aquellas lágrimas
que se acumulaban en mis párpados.
Cansada ya, de pensar y de añorar lo que nunca pasó,
anduve como bebida por el pasillo,
sin pensar en los miedos
que se esconden en la oscuridad,
hacia mi habitación.
Me quité la bata y encontré en mi bolsillo una manzana,
la dejé encima de la mesilla como pude y me acosté.
( Digo 'me acosté' porque no dormí,
solo pensé, deliré y tuve pesadillas con los ojos abiertos )
A eso de las 6.30 am saqué el brazo de entre las sábanas
y lo estiré hasta alcazar aquella belleza frutal
que reposaba en mi mesilla.
El brazo se heló, estaba como ausente, no lo sentía.
Aún estando mi brazo inerte, lo adentré en mi cama junto con la manzana,
coloqué la almohada y mi cojín de plumas de forma que, el frío de fuera no entrara en ella.
Y allí dentro saboreé aquella sabrosa manzana verde,
la disfruté aún con dificultades al respirar,
la disfruté. Fue fantástico, quizás lo mejor de mi noche.
Por la mañana me levanté y me miré al espejo.
Acaricié mi reflejo y le di un beso tímido,
abrí el grifo y el agua en mis manos me recordó a cuando era niña y jugaba en la bañera,
ahogué este pensamiento cuando mi cara se sumergió en el lavabo,
entonces, mojada, acerqué mi cara al espejo,
y lo besé, lo besé apasionadamente,
¡esos besos fríos y babosos en el espejo que nunca podré olvidar!
Mi lengua jugaba con el cristal, salivaba, salivaba mucho,
pero no me excitaba en absoluto, tampoco me gustaba,
pero el besar el cristal fue un frenesí incontrolable.
Mi Alma, sentada en el wc me miraba,
¿qué clase de atrocidad estaba cometiendo?, me dijo ella.
Tras soltar aquella pregunta, del todo incontestable, se fue y desde entonces no ha vuelto,
 -tampoco he vuelto a ver amanecer-.
Yo seguí, besando esa parte de mi, buscando cariño en el espejo.
Descontenta fui a buscar otros labios que no fueran los míos,
salí del cuarto de baño y besé a la pared,
aquella pared fría y rugosa del pasillo,
amarillenta...como enferma.
Palpé,mientras la besaba, toda esa piel de gotelé que la cubría.
De repente una llave hincandose en una cerradura me sobresaltó.
Deje de besar la pared. Mi lucidez despertó.
¿Qué buscaba al besar seres inertes?
Corriendo fui al cuarto de baño, sumergí de nuevo mi cara en el lavabo.
Me vestí confundida, con los calcetines en la boca y las botas en la mano recorrí apresuradamente el pasillo
hasta llegar a la cocina.
Sentada en el suelo, lloré un poco, me puse los calcetines y apretando los dientes, las botas.
Me levanté, limpié las lágrimas del suelo. Abrí la lacena y busqué un espidifén, lo encontré.
Tomé un vaso, lo llené de agua, abrí el sobrecillo y lo disolví. Haciendo un palillo con el envoltorio del medicamento, me bebí aquel agua turbia.
Cogí los cascos, el abrigo y salí de casa.
Era otro día más. Otro día más y uno menos que llevarse a tu boca.

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