Eris y yo llegamos tarde a la clase de investigación contra el 'Para que no te olvides',
tampoco importó mucho;al profesor le faltaba medio brazo, una oreja y un ojo.
La habitación era enormemente pequeña y vacía;solo había un par de cojines, una mesa, y alguna que otra pila de tubos de ensayo con telarañas, destaco que además nuestros compañeros eran esqueletos peludos, sonrientes. Ellos no tenían queja alguna. Ante esta situación nos sentamos en la puerta, y tras observar como explicaba el profesor:
cogiendo la taza de café con la mandíbula y desparramando el líquido acuoso por los cerebros de aquellos esqueletos...decidimos marcharnos, aunque no había terminado aquella explicación tan sustanciosa en conocimientos.
Como salimos más temprano de lo previsto nos fuimos al bar que había en la calle de ¡Oh!. Nos pedimos un par de cervezas azules: Eris se pidió la Camaleónica, con menos espuma que aceitunas; yo pedí la Bloody Trust, con más espuma y tomate.
En el bar hablamos en un poco de todo: Inglés, alemán, francés, chino con acento portugués...y sin prisas, nuestra tertulia se terminó cuando unos cristianos sin cabeza asomaron sus cruces por el cristal de la puerta del bar,fue entonces cuando salimos para contemplar sus grandes cruces de materia inerte pero al intuir nuestras intenciones salieron corriendo.
<<¡Cuidado!>> le grité a Eris. Al salir los cristianos corriendo por aquella calle tan elevada, a uno de ellos, por las prisas se le calló la cruz,-imagínense dimensiones- y Eris tropezó con una de ellas cayendo así en el ''Pozo Negro de Todos Los Sueños.'' Cayó sí, pero esta vez no se despertó sobresaltada en su cama, se despertó en una camilla moldeada de paja y sueños, en el Hospital de ¡Oh!.
El Hospital estaba en decadencia,vagabundeaban rastrojos del desierto por cada pasillo, por cada habitación. Aullaban descontrolados los enfermos con antifaces negros en la cara, y los médicos eran invisibles; sus batas blancas levitaban sin destino por las esquinas y sus estetoscopios se arrastraban por los suelos en busca de un corazón al que escuchar.
Un atisbo de 'entre calma y rabia' se apoderó de mi cuando Eris se despertó de su sueño, ciega, como todos los demás.
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