jueves, 3 de noviembre de 2011

Apático

Ya no están. Se fueron.

Aquellos infinitos besos
virginales,

siluetas inexistentes.
Silenciosos, marchitos. 

Al igual que los ciegos días,

han sido difuminados de la
memoria, quedando solo
retazos de lo imposible,
diáfano esqueleto
que se despide del rápido
vuelo

del arcángel

llorando ante el espejo de
Nietzsche

sin pensamiento,

es decir,
sin palabras

que perduren en el fondo

alocado de tu mirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario