Las ganas de besarlo
se vieron reflejas en la proximidad
de nuestras bocas,revosantes de vida y juventud
húmedas y calientes de tanto mascar una inconfesable verdad.
Las apariencias engañan, pero el frío se disipó
y la consecuencia a ello fue el calor anudado en los entresijos de nuestros cuerpos.
Obedecimos a las respuestas eróticas sin imponernos al deseo,
aún estando enlatados en los sucios escondites de los pequeños enamorados.
Pudimos haber vencido todas nuestras pasiones,pero no lo hicimos.
Pues cada uno con su embudo, sí, pero elegantes en las formas.
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