Me leyó un poema antes de dormir,
después de una agitada noche.
Vi como se despertó a las 4.00 a.m
Vi como se despertó a las 4.00 a.m
yo no podía dormir.
Se miró en el espejo del cuarto de baño,
roído por las salpicaduras de dentífrico y aguas,
la luz parpadeaba y emitía un sonido
al que te acostumbras una vez lo escuchas y dijo: Mierda.
Arrancó un trozo de papel higiénico y
dirigiéndose hacia la cama
vi como me miraba mientras me hacía
la dormida.Y se masturbó freneticamente,
cuando terminó se limpió con el papel
y se durmió
al asumir la sorpresa de lo mucho que me parecía a Dios.
Se despertó a las cuatro horas de dormir. Y
tardó varios minutos en ser consciente de
dónde estaba. Noté como se movía e intentaba
dormir de nuevo pero,
se bien que le molestaban el olor de
esas sábanas que hacía tiempo
que estaban abandonadas.
Me levanté y en su cara advertí
la vergüenza cuando vio en la mesilla
el papel higiénico lleno de arcilla translúcida.
Hice café, la tetera pitaba.
¿Qué podía hacer en la casa de un desconocido
con el amor de mi vida?
Lo pensé y repensé a media taza de café, pero
finalmente abrí la nevera y
opté por abrir el tarro de guindillas verdes,
estaba en una esquina de la nevera y
hacía de ella un aspecto empobrecido
pues era el único tarro que allí vivía. Cogí una.
La comí.Repugnante.Desde la cocina podía verle
y me excitaba tan solo con mirarle.Deseo.
Pensé y repensé al terminarme el café.
Fui hacia la cama y me senté al borde. Él con
los brazos cruzados sujetándose la nuca,
desnudo, perfecto.Le besé en la frente, me apoyé en su pecho
y me recitó otro poema.
No había más.Pero es lo que quería.
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