Al entrar en el humeante antro,
tu hígado grita.
Enfilas el pasillo,
ves la mesa de juego,
humo, hombres sudados,
y el mugriento olor a alcohol.
Haciendo una exhausta
selección de palos,
te decides por uno y
te atreves a jugar con tus
'acompañantes'.
Los veteranos
en dicha mierda
te dan consejos,
ya sea para su bien o
para el tuyo,
como ancianos en el otoño de su vida.
Acabas la partida,
y lo peor es que quieres más.
Como una droga,
sabiendo que es mierda y
aún así la tomas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario